
Nacho y Pancho
Nacho Munilla y Pancho Lapeña, a pesar de no estar unidos por una relación de parentesco, comparten estirpe, modos de afrontar la vida y actitudes semejantes frente a las maravillas de la naturaleza, que ellos suelen encontrar en las cosas pequeñas o incluso minúsculas. Lo de estirpe compartida viene del hecho genésico de proceder ambos de la unión de una mujer de Ourense con un hombre de Soria.
Nacho es doctor en biología, especialista en el estudio de las aves y de los lugares donde ellas viven. La primera observación ornitológica de la que guarda recuerdo tuvo como protagonista a un mirlo que estaba comiendo frutos de hiedra delante de la ventana de la cocina de la casa de sus tías abuelas Raquel y Aurita. Tal vivencia ocurrió en Allaríz, en la década de 1970.
Pancho, obstinado cazador de anécdotas de aventajada agudeza visual (Pancho, no las anécdotas) recuerda vívidamente su primera experiencia aviar, cuando quedó sepultado, delante de la basílica de El Pilar, por cientos de palomas a las que pretendía alimentar con migas de pan. Este incidente lejos de resultarle traumático le resultó interesante. Pancho tiene por costumbre combinar disciplinas aparentemente inmiscibles como el arte musivaria y la enseñanza de la filosofía.